"Los inmortales" ("Highlander", 1986)

HighlanderEspadachines inmortales que se retan a duelo a lo largo de los siglos bajo una contundente premisa: "Sólo puede quedar uno". Con este punto de partida emprendió su andadura una de las sagas más populares de los ochenta.

Todo comenzó al rodarse una nueva versión de Frankenstein. Con la firma de Franc (Francis George) Roddam, un director más que irregular, y un reparto bastante heterodoxo, con personajes como como Sting, Jennifer Beals, Clancy Brown y David Rapparport, La prometida (The Bride, 1985) no obtuvo la acogida que se esperaba y la crítica atacó su pretenciosidad y falta de ritmo.

Uno de los pocos participantes que salió favorecido del proyecto de Franc Roddam fue el actor que encarnaba al Monstruo, el joven Clancy Brown.

El director australiano Russel Mulcahy había pensado en Arnold Schwarzenegger para encarnar a El Kurgan en Los inmortales (Highlander, 1986), pero el cantante Sting recomendó a Brown para el papel.

El personaje protagonista, interpretado por Christopher Lambert, es el anticuario Connor McLeod. En realidad, se trata de un guerrero highlander de tres siglos de edad; un inmortal, hijo de una estirpe de la forman parte otros como él, que vagan por el mundo enfrentándose en duelo desde tiempos inmemoriales.

Su mejor amigo fue Ramírez (Sean Connery), el español que le descubrió sus poderes; su mayor enemigo es El Kurgan (Brown), un poderoso señor de la guerra, procedente de una tribu indoeuropea.

El Kurgan ha jurado acabar con la vida de Connor, para de ese modo ser el último inmortal vivo. El momento del combate final se acerca; sólo puede quedar uno y ambos lo saben. También lo sabe el público que, pese a la certeza del happy end, llenó las salas y convirtió a esta cinta en una obra de culto.

El autor de este argumento, Gregory Widen, escribió el guión de Highlander cuando era estudiante. En realidad, lo tituló Shadow Clan y lo presentó al programa de escritura de guiones de la UCLA. Gracias a este apoyo universitario, pudo vendérselo a los productores William Panzer y Peter S. Davis.

Cuentan que el papel de Connor MacLeod tuvo entre sus candidatos a Mickey Rourke y a Marc Singer. Ambos lo rechazaron.

Cómo se hizo

La filmación comenzó en abril de 1985 y concluyó el 30 de agosto del mismo año. Para rodar exteriores, se escogieron escenarios de Escocia, Inglaterra y Nueva York.

Razorback (1984), la historia de un jabalí gigante que acecha a los habitantes del yermo australiano, había supuesto el lanzamiento internacional de Mulcahy, un creador avezado en el campo del vídeo-clip cuyo trabajo sorprendió a William Panzer y Peter S. Davis.

Según reconoce él mismo, el clip fue su escuela de cine –de joven se presentó en la Escuela de Cine de Sydney, pero no fue admitido–, el mundo en el que aprendió todo lo que sabe de iluminación, montaje, etc. Y eso es algo que queda patente en Los inmortales: un frenético ritmo de montaje, una banda sonora de corte popular, delirantes movimientos de cámara y transiciones efectistas, más propias de un vídeo de Duran Duran o Queen.

Muchos son los que opinan que estos planteamientos poco tienen que ver con el lenguaje cinematográfico establecido por los clásicos, pero lo único cierto en este asunto es que el mundo audiovisual vive una continua e inevitable retroalimentación, y Los inmortales es una buena prueba de ello; esos combates de espadachines que remiten a los años cuarenta, con estética de cómic y una planificación rescatada de la MTV, son las primeras imágenes de un nuevo estilo que pronto invadirá la linde de los demás géneros.

Posmodernidad, lo llaman, y con ese nombre adquiere su espacio en el imaginario occidental.

Sin embargo, una cosa es bien cierta: Mulcahy tiene tanta imaginación ante una editora de vídeo como falta de criterio como cineasta. Ahí está para demostrarlo la infame secuela del film que nos ocupa, Los inmortales II (1991), grandilocuente, excesiva y pueril, tratando a duras penas de explicar la condición extraterrestre de los protagonistas a través de un guión endeble, engarfiado a la moda ecologista con pobres referencias a la destrucción de la capa de ozono.

Por si esto fuera poco, Mulcahy logra en Los inmortales II algo verdaderamente complicado: que actores tan competentes como Michael Ironside y Sean Connery rocen el ridículo en sus interpretaciones. De ahí en adelante, la decadencia de este realizador quedó asegurada.

Director: Russell Mulcahy

Producción: Peter S. Davis, E.C. Monell, William N. Panzer

Guión: Gregory Widen, Peter Bellwood, Larry Ferguson

Reparto: Christopher Lambert, Sean Connery, Clancy Brown, Roxanne Hart

Música: Queen, Michael Kamen

Distribución: 20th Century Fox

Fecha de estreno: 7 de marzo de 1986

Duración: 110 min.

Idioma: Inglés

Secuela: Highlander II: The Quickening


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