"Las amistades peligrosas" (Stephen Frears, 1988)

Las amistades peligrosasEn 1985 Christopher Hampton, dramaturgo y guionista inglés de reconocido prestigio, decide llevar a la escena una adaptación de la novela escrita en 1782 por el francés Choderlos de Laclos, "Las amistades peligrosas".

Hampton logra con ella un inusitado triunfo mundial. Inmediatamente Hampton recibe cerca de una docena de ofertas para llevar su obra a la pantalla, pero sólo la propuesta de la productora Norma Heyman será aceptada.

La dirección de la película es encomendada a Stephen Frears. El propio Fears señala que lo que le atrae de la historia es que "hay en ella una compleja red de egoísmo, avaricia, hipocresía, concentración de poder, grandes desigualdades y maquiavelismo social que, en el fondo, no es demasiado diferente al universo de otras películas mías".

El rodaje de Dangerous Liaisons se desarrolla en enclaves históricos como el Château de Vincennes en Val-de-Marne, el Château de Champs-sur-Marne, el Château de Guermantes en Seine-et-Marne, el Château du Saussay en Essonne y el Théâtre Montansier, en el recinto monumental de Versalles.

Los protagonistas son Glenn Close como la marquesa de Merteuil. John Malkovich en el papel del libertino vizconde de Valmont, Uma Thurman como la inocente Cécile de Volanges y Michelle Pfeiffer que, en esta ocasión, interpreta a la hermosa y fiel Madame de Tourvel.

Sobre el papel de Michelle en la ficción, señala Stephen Frears que "pertenece a un tipo diferente al de los demás protagonistas. Es más burgués que aristocrático".

La fantasía del guión va a tener un paralelo en la realidad y Michelle vive en París un turbulento romance con el actor John Malkovich. Esto, añadido a las dificultades propias del rodaje, va a causarle tres crisis nerviosas.

Esta película supone la primera nominación al Oscar para la actriz. Esa es, seguramente, una de las pocas compensaciones de este trabajo.

Poco después de emprenderse el rodaje de Las amistades peligrosas, el checoslovaco Milos Forman comienza a preparar la que sera su particular versión de la obra de Laclos, Valmont, con guión de Jean-Claude Carriére y Annette Benning, Colin Firthy Meg Tillyen los principales papeles.

Una producción excepcional

Hay dos variedades en el cine de época. Las películas clasificables en la primera son melodramas de guardarropía, estilizados a conciencia. Las cintas de la segunda clase, en contraste, proyectan demandas actuales en la lejanía histórica.

Las amistades peligrosas tiene muy buenas razones para encabezar este último capítulo. Si bien se mira, el juego decadente que ilustra el filme da la medida del París prerrevolucionario, pero también condensa la fragilidad sentimental de nuestros días. Y eso es lo que, sin duda, hace tan atractivo a este premiado largometraje, cuyo fundamento es la obra homónima que Choderlos de Laclos publicó en 1782.

Hay una cualidad que el filme hereda de su referente literario: su capciosa ambigüedad. No en vano, la trama del libro permite incluirlo en dos catálogos adyacentes, el de las novelas libertinas y el de las ficciones edificantes. Lo prueba esta advertencia que leemos en sus páginas finales: “¡Quién no se estremecería pensando en las desgracias que pueda causar una sola amistad peligrosa!”

La burbujeante sensualidad de la pieza literaria tuvo su primera –y fallida– traducción audiovisual en Les liaisons dangereuses (1959), de Roger Vadim. Entre sus espectadores más incómodos se cuenta el dramaturgo Christopher Hampton, quien ofreció una versión teatral de la novela a la Royal Shakespeare Company. Desde el West End londinense hasta Broadway, el montaje mereció toda suerte de elogios y consagró en 1985 a su protagonista, el formidable Alan Rickman.

A partir del libreto de Hampton, el británico Stephen Frears diseñó la lujosa adaptación que ahora llega a nuestros lectores.

Sin duda, la presencia del cineasta en el proyecto sugiere vínculos emocionales entre esta película y otras que previamente realizó. Por ejemplo, recordemos la tortuosa relación que despliega en Ábrete de orejas (1987), el ánimo provocador de Sammy y Rosie se lo montan (1987), el toque malicioso de Mi hermosa lavandería (1985) o la amoralidad implícita en The Hit (1984).

Ciertamente, es inevitable reconocer ese mismo filo en el dúo que forman la Marquesa Isabelle de Merteuil (Glenn Close) y el Vizconde de Valmont (John Malkovich), dos víboras –amistades peligrosas por vocación– que se atraen con impredecible y neurótica sensualidad.

¿Y qué puede decirse de las víctimas que dan sentido a la vanidad de ambos? Bien, puede afirmarse que también provocan su derrota. Para el dionisíaco Valmont, seducir a la señora Marie de Tourvel (Michelle Pfeiffer) equivale a un mal de amores, y desflorar a Cécile de Volanges (Uma Thurman) le añade una condena por la que asimismo languidece Merteuil.

En realidad, Frears gasta poca energía en justificar a estos intrigantes. Pero ello no le impide dejar bien claro lo encantadores que son desde el punto de vista cinematográfico.


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