La tercera dimensión. Historia de las 3D

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Lejos de ser anecdótico y estar limitado a simple novedad tecnológica, el estreno de Avatar es un acontecimiento que resulta crucial en la Historia del Cine.

El motivo es obvio: además de ser un espectáculo prodigioso y adictivo, la película de Cameron modifica de una vez por todas nuestra apreciación del cine en tres dimensiones.Hoy hablaremos del pasado y el futuro de este formato.

La pantalla se alza sobre una plataforma en un extremo de la sala. Nuestro guía nos indica que debemos permanecer quietos, con la mirada detenida a una cierta altura. Las luces se apagan, y el dispositivo proyecta su reflejo: escenas bucólicas, con una suavidad otoñal.

A través de lo que aparenta ser un vidrio, recorremos con la mirada un panorama de perfecto relieve. Tiene un aspecto tan magnífico que uno tiene la sensación de que para entrar allí basta con dar unos pasos.

Cuando el espectáculo termina, regresa nuestro anfitrión para explicarnos algún otro detalle sobre ese prodigio: una televisión en 3D que evita la necesidad de que el espectador lleve gafas especiales. A su lado, el resto de los artefactos reunidos en este edificio –el Museo de la NHK, en Tokio– parecen triviales pasatiempos.

Hasta hace poco, ese formidable televisor era un lujo inalcanzable para muchas corporaciones. Hoy se sabe que monitores como el de la NHK acabarán haciendo añicos las pantallas convencionales, y de hecho, empiezan a ser una realidad comercial gracias a tecnologías tan prometedoras como las desarrolladas por Philips, Sony o Intel.

Desde que en 1922 salió por un proyector la primera película en 3D (The Power of Love), el hechizo ha mejorado.

Uno imagina lo que pueden conseguir, por ejemplo, los prototipos experimentales de Toshiba y Samsung, que ofrecen ilusiones de una vivacidad asombrosa sin necesidad de gafas. Pero antes de que esos procedimientos ocupen nuestro tiempo, tendremos que acostumbrarnos a ver los los 3D BluRay en pantallas domésticas que disfrutaremos con gafas polarizadas (nada que ver con aquellas gafas anaglifo –una lente azul o verde y otra roja– que, hasta hace veinte años, hicieron saltar en la butaca al público de las matinales y los programas dobles).

¿Y qué decir del cine en 3D?

Bueno, admitámoslo. El negocio audiovisual se mantiene gracias a esa vieja idea de la virtualidad. Como en aquel cuento de Gogol, aún soñamos con retratos en los que la figura se desprenda del lienzo y cobre vida.

"Yo creo que Jean-Luc Godard lo entendió a la perfección –dice James Cameron en Variety–. El cine no es una verdad 24 veces por segundo. Es una mentira 24 veces por segundo. Todo es una ilusión, pero el premio es para quienes consiguen que la fantasía resulte más real. Y esta sensación de realidad se refuerza enormemente gracias a la ilusión estereoscópica".

Cameron lo consigue. Avatar parte de un increíble diseño para invitarnos a un complejo experimento en el que se mide la verosimilitud de cada plano.

Es cosa ya poco discutida que su película eleva el sentido visual del espectador, y enriquece su experiencia con dos primicias: la profundidad estereoscópica (cruzamos al otro lado, como Alicia) y el fotorrealismo de los actores virtuales (aquí se imponen las figuras del doble y de los fantasmas que habitan en ese retrato encantado).

En este reino de los espejos, no es casual que uno de los títulos más esperados del año sea, precisamente, Alicia en el País de las Maravillas, de Tim Burton.

Dado que a Burton le preocupa que el público establezca una conexión emocional con el nonsense de la Reina de Corazones y el Sombrerero Loco, queda claro por qué eligió el cine tridimensional.

Las 3D nos sitúan inmediatamente en lo onírico, nos llevan a ese otro mundo paralelo al nuestro, y a la vez nos proporcionan pruebas fehacientes de su autenticidad.

Para evitar las molestias del rodaje con cámaras 3D, Burton completó Alicia de la forma habitual, empleando bellísimos trucajes, y luego efectuó la conversión.

Algo que, por cierto, disgustó a James Cameron. "No tiene sentido alguno –dijo– filmar en 2D y luego transformarlo en 3D".

Su crítica tendría más fuerza si no circulase el proyecto de exhibir un buen puñado de títulos –incluidos Titanic, la saga Star Wars o nuevos lanzamientos como Robin Hood y Furia de Titanes– reciclados tecnológicamente a expensas del lobby que Cameron lidera y que Jeffrey Katzenberg, fundador y máximo responsable de DreamWorks, puso en marcha con la siguiente arenga: “El cine en 3D es la mayor novedad en el negocio cinematográfico desde hace setenta años”.

Al fin y al cabo, nadie ignora que Alicia en el País de las Maravillas, Shrek IV, Toy Story 3, Tron Legacy o el Tintín de Peter Jackson y Steven Spielberg se anuncian como éxitos asegurados.

La segunda parte del negocio son, cómo no, las patentes: Katzenberg y la firma Intel comercializan el paquete de programas InTru 3D, y Cameron mejora sus ingresos con el sistema de cámara estereoscópica más avanzado del mundo. "La mayoría de los cineastas –dice el creador de Avatar– no ha sabido encargarse de una revista de cine o equilibrar una Steadicam en su vida, pero eso no les impide utilizar dichas herramientas de forma brillante. El sistema estéreo debería considerarse de la misma forma".

Perfeccionamiento. Ese ha sido el mantra favorito de los pioneros del cine estereoscópico desde que William Freese-Greene descubrió este efecto a fines del XIX.

Su explotación comercial tuvo dos periodos de apogeo: los años cincuenta –¿se acuerdan de Vincent Price en Los crímenes del museo de cera?– y los ochenta, cuando el formato IMAX proporcionó una dignísima salida a innumerables documentales en 3D.

Ya conocen el resto de la historia. En 1995 Robert Zemeckis estrenó su Polar Express, el primer largometraje en 3D-IMAX, y de ahí en adelante, la tercera dimensión fue el nombre del juego de moda en Hollywood.

"Algo que no se puede obtener en casa. Un aspecto de la película que no se puede piratear". Cameron tiene claras las ventajas de esta novedad, y por eso justifica las expectativas creadas por medio de otra predicción: "Dentro de diez o quince años el display en estéreo será algo generalizado, tanto en las salas de cine como en las pantallas del hogar y en los dispositivos portátiles. Incluso los teléfonos IP tendrán estéreo".

Quién sabe...

Copyright © Guzmán Urrero Peña. Artículo publicado previamente en el ABCD Las Artes y Las Letras, suplemento cultural del diario ABC. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes de Avatar © Twentieth Century Fox. Cortesía del Departamento de Prensa de Hipano Foxfilm. Reservados todos los derechos.


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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Cine clásico

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC