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La reciente puesta en el Teatro Real de El gallo de oro, de Rimski-Korsakov, permite repensar en la relación, aparentemente incongruente, entre lo serio y lo cómico. Un rey que se pasa la vida en la cama mientras tiene el enemigo a las puertas, que cuenta como consejero áulico a un astrólogo que le regala un gallo de oro como fetiche mágico y se viste, quijotescamente, con una armadura abollada y herrumbrosa para encabezar una tropa de pacotilla, todo eso hace reír.

En la moda, como en tantas cosas que atañen a la vida social, los creadores se valen de referencias que, inicialmente, no proceden del universo textil. Hay en este juego de modistas y diseñadores bastantes apelaciones históricas, literarias, y como ahora veremos, también cinematográficas.

Si fuese verdad la mitad de las predicciones que difunden los comentaristas de la red, veríamos por la calle los signos del apocalipsis, como ocurre en esas obras de ciencia-ficción cuya lógica narrativa es la del desastre absoluto de la civilización humana.

Va pasando la vida, y uno parece advertir que los cambios resultan cada vez más difíciles, y que lo que podríamos llegar a ser no es fácil sin una dosis suplementaria de sufrimiento. Y cuando nos ofrecen un remedio para esa melancolía, solemos dejarlo archivado para leerlo más tarde.

Más que por su presencia en los libros de historia del pensamiento, el jesuita Juan de Mariana (Talavera de la Reina, 25 de septiembre de 1536-Toledo, 17 de febrero de 1624) debería ser elogiado por la actualidad de mucho de cuanto escribió.

Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932-Milán, Lombardía, 19 de febrero de 2016) revolucionó en los años sesenta del pasado siglo la teoría de la comunicación, descubriendo para la semiótica un continente selvático y fascinante más allá de los territorios urbanizados que había transitado hasta entonces. Precisamente si algo caracteriza la trayectoria de Eco es su capacidad para romper cualquier clase de barrera disciplinar. Cada engranaje de su obra –novelas o ensayos, textos académicos muy técnicos o artículos de prensa– forma parte de un vasto proyecto de crítica de la cultura, uno de los más ambiciosos de nuestro tiempo. En mayo [19-5-2009] recibió la Medalla de Oro del CBA [A esa fecha corresponde esta entrevista].

Virago: mujer que tiene aspecto, ademanes y actitudes que se consideran propios de los hombres. Mujer que pretende vivir como un hombre. Cuando ese "vivir como un hombre" significa reclamar un espacio propio, un acceso al saber, una imagen exclusiva...

Agatha Christie es una de las novelistas más populares que jamás han existido (prácticamente en todos los hogares hay, al menos, uno de sus libros), y Asesinato en el Orient Express bien podría ser su obra más famosa.

En las primeras páginas de El retorno del Buda, su protagonista se nos presenta como un adicto al delirio y a la extrañeza, con ilusiones que harían feliz tanto a un físico cuántico como a un psiquiatra en busca de casos singulares.

Una pequeña tienda de campaña. Siete meses por delante. Entre las paredes de un cañón y rodeado por un laberinto de árboles. ¿Qué podía salir mal?

Es sabido que por motivos religiosos los teatros italianos del siglo XIX eludían la normativa, que prohibían las funciones operísticas durante la Cuaresma, escenificando obras de carácter religioso.

No es mucho lo que un viejo lector de tebeos le pide a una película de estas características.  Si lo pensamos bien, el problema ‒para quien quiera verlo‒ es que hemos convertido el subgénero de los superhéroes en algo que sólo llegó a ser raramente: algo profundo y tirando a serio, con una gravitas desproporcionada.

Con motivo del estreno en cines de ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS el 24 de noviembre, sorteamos entre nuestros lectores cinco packs formados por un silbato, un espejo, un llavero y un peine Poirot. La película, dirigida por Kenneth Branagh, se inspira en la clásica novela de Agatha Christie y está protagonizada, entre otros, por Judi Dench, Johnny Depp, Michelle Pfeiffer y Daisy Ridley.

"Los veintidós bebés de animales más monos", decía el titular. "¡No te imaginas cuál es el número 11!"

Kornél Mundruczó (sí, he copiado y pegado el nombre, como ha hecho todo español que ha escrito sobre él) recordó al mundo que el cine húngaro existe, y que además puede ser impactante y vistoso, como demostraron las muy comentadas Semilla de maldad (2010) y White God (2014), películas “de festival” que también triunfan en las salas de versión original.

Curiosidad. He aquí el sustantivo con el que José Ramón Alonso, catedrático de Biología Celular y Director del Laboratorio de Plasticidad neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, ha hilvanado esta serie de artículos de divulgación, muy diversos entre sí, pero ceñidos a los aspectos más singulares ‒y prometedores‒ de la investigación científica.

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau Una cita con las musas…

Por su verismo y lo documentado de su guión, Black Hawk derribado tiene algo de docudrama. Pero por encima de todo, es una excelente producción bélica, de un ritmo abrumador y rebosante de adrenalina.

A veces vale la pena atravesar las oscuridades, afectaciones y pedanterías de Theodor W. Adorno para hallar ocultas perlas de su pensamiento, como él podría haber dicho. Recupero una de ellas: “Toda gran obra aguarda”. Comento: toda gran obra está al acecho y así se mantiene a lo largo del tiempo. ¿Cuánto de largo? Pongamos que unos cuantos siglos. ¿La eternidad? Nadie la ha experimentado aunque, en ocasiones, ciertas músicas nos sugieren, fugaz y paradójicamente, que la hay. No que existe, porque existir sólo se existe en el tiempo y la eternidad, es de suponer, está fuera de él. Ni antes ni después sino fuera.

El Teatro Real madrileño (bueno, no hay otro Teatro Real que no sea el de Madrid) estrenó en 1999 una producción de la Carmen de Bizet firmada por Emilio Sagi. Un excelente montaje de corte tradicional, con unos imponentes tanto como idóneos decorados de Gerardo Trotti y un bonito vestuario del diseñador español Jesús del Pozo. Sagi se tomaba escasas pero acertadas libertades como la de presentar un travestido Lillas Pastia. Ese mismo año 1999 se estrenaba en Perelada otra lectura escénica de la ópera ahora encargada a Calixto Bieito.