Daniel Goleman se refiere en El punto ciego a una zona de sombra que nos afecta a todos. Un punto ciego, un vacío que carece de existencia.

25 de noviembre de 2014. La neoyorkina casa de subastas Sotheby's saca a la venta las obras maestras coleccionadas por Lorenzo Zambrano, destacado empresario mexicano, recientemente fallecido.

Tras su epopeya lunar, Verne continúa ampliando sus Viajes Asombrosos. El primero de ellos, Cinco Semanas en Globo había sido un viaje por aire a través de África oriental; el siguiente, Viajes y Aventuras del Capitán Hatteras, una dramática aventura en tierras polares bajo condiciones extremas; Viaje al Centro de la Tierra nos arrastraba a las profundidades del planeta, mientras que De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna nos expulsaban de él; Los Hijos del Capitán Grant era una misión de rescate que recorre todo el hemisferio sur por mar y tierra, enfrentándose a todo tipo de peligros. Parecía lógico que la siguiente aventura nos trasladara a los abismos oceánicos.

Si alguien puede arrogarse el manto de “padre de la SF”, éste sería probablemente Herbert George Wells (1866–1946). Y las razones para ello son de peso: innovó el género hasta el punto de que dejó de llamarse “romance científico” para pasar a ser “ciencia ficción” (aunque el término propiamente dicho sería acuñado en los años veinte), e introdujo en él nuevos elementos y temas –a menudo adaptando y modernizando figuras preexistentes– que pasaron a ser clásicos y recurrentes dentro de la literatura de ciencia ficción.

Hay en internet la transcripción de una conferencia dada por Enrique Eskenazi en 2004 sobre el tema del Inframundo y sus aspectos mitológicos y psicológicos, y que se basa en la lectura del libro de James Hillman titulado El sueño y el inframundo. 

El  13 de octubre de 1307, el rey Felipe IV de Francia decidió por cuenta propia ordenar la detención de todos los templarios y el requisamiento de todos sus bienes, acusándolos de herejía, sodomía y adoración de ídolos paganos. Aun así, el Papa Clemente V tardaría unos cuantos años en apoyar la disolución definitiva de la Orden, en lo que muchos han considerado una conspiración para acabar con el enorme e incómodo poder que había adquirido la misma y que, entre otras cosas, tenía endeudado al rey francés. Hasta entonces, los templarios habían sido, durante casi dos siglos, modelo y ejemplo del buen hacer cristiano.

La triste realidad de la guerra se ha convertido en espectáculo desde hace mucho, mucho tiempo. No hay más que contemplar todos los monumentos bélicos, o recordar esas poéticas gestas que nos llenan de espíritu heroico y guerrero, pero que tan poco tienen que ver con el sufrimiento y el horror de los conflictos, más allá de la propaganda y el triunfalismo.

Liquidar y licuar tienen una raíz común: volver líquido algo que no lo es, sea que se trate de gases o de sólidos. Por deslizamiento, se puede liquidar una deuda, pagándola, o liquidar mercancías convirtiéndolas en dinero por medio de una venta.

Todos queremos creer, claro, que a la hora de encajar los malos momentos, podremos pasar página y volver a sonreír. Para conseguirlo, hay una costumbre danesa, el hygge, que contribuye a esa serenidad y además no cuesta dinero.

Basada en el ensayo biográfico de Margot Lee Shetterly, Figuras ocultas nos narra una etapa apasionante en la vida de tres mujeres afroamericanas que en 1961 unieron su destino al de la carrera espacial.

Es un tópico, aunque algo desteñido, con cierta vigencia, decir que España es una sociedad mayormente de izquierdas. Para ello se suman marbetes que repiten la palabra pero que, observados de cerca, admiten diferencias bastante radicales.

Recuerden el esquema clásico que se estableció con El padre de la novia (1950), de Vincente Minnelli, y que tuvo su mejor vuelta de tuerca en Adivina quién viene esta noche (1967), de Stanley Kramer. Bien... Ahora, introduzcan en esa vieja receta el delirio procaz y malhablado al que nos han acostumbrado tipos como Jason Mewes ‒el eterno colega de Kevin Smith‒, y entonces se podrán hacer una idea de lo que nos brinda ¿Tenía que ser él?

Un poco de todo hay en Volar en círculos. Historias de mi vida de John Le Carré que, traducido por Claudia Conde, ha editado Planeta en Barcelona. A una serie de crónicas  sueltas, mayormente prescindibles, se añade un par de capítulos de autoanálisis, imprescindibles. No sólo guardan al fino y encarnizado investigador de sí mismo sino que permiten pensar acerca de la calidad vocacional de cierto tipo de escritor, el que podríamos llamar escritor espía. Me atrevo a pensar que es generalizable y decir que cualquier escritor lo es.

¿Qué línea separa el suspense del terror? Un ejercicio estimulante para el aficionado al cine de género puede ser intentar localizar esa frontera en esta notable película de André Øvredal, director noruego que llamó la atención mundial hace unos años con su sorprendente Trollhunter (2010).

Hace unos años el cine se ocupó de biografiar al poeta Jaime Gil de Biedma. El filme se llamó El cónsul de Sodoma y en él un excelente y sensible Jordi Mollá lidió victoriosamente contra un guión presumido y débil. Comentándolo con un amigo que había tratado al escritor, escuché su rasante censura, basada en el hecho de que (sic) había conocido a Gil de Biedma y no era para nada como lo mostraba su biopic. Pensé que aviados estamos si cada vez que se nos referencia algo histórico en el cine sólo lo entenderemos si hemos conocido a los personajes “reales” del caso.

Si lee usted periódicos o blogs, ve o escucha noticieros, o está conectado a las redes sociales, seguramente ya se enteró del hallazgo, dentro de una pieza de ámbar procedente de las minas (sí: el ámbar se extrae de minas) del estado de Kachin, en Myanmar (o Birmania), de un fragmento de cola de dinosaurio maravillosamente bien preservado, que tiene la característica de presentar plumas.

En lo que llevamos de siglo, los zombis han pasado de ser “propiedad” de los aficionados al cine terror a convertirse en un producto de consumo general. El éxito de la adaptación televisiva del cómic The Walking Dead, las “marchas zombi” (zombie walk), la avalancha de comedias zombi a raíz del éxito de Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004), glamourosas muñecas infantiles zombi, videojuegos, monólogos zombi (!)... todas estas cosas y alguna más han “democratizado” a los zombis, y de paso han terminado por cansar un poco.

En el melodrama, las palabras emocionantes y el gesto sincero son armas muy poderosas. Belleza oculta acude a su cita con los espectadores usando ambos recursos, pero también lastrada por algún que otro problema de guión.

Hace poco, todos nos entusiasmamos con la serie de televisión Stranger Things, básicamente porque remitía al cine juvenil de los años 80, con un buen puñado de referencias directas e indirectas a las películas y la cultura popular de aquellos tiempos.

Jim Preston (Chris Pratt) sólo quería emprender una nueva vida en otro planeta. ¿Era eso tanto pedir? Jim quería ser un colono espacial, pero acaba de descubrir que su cápsula de hibernación se ha desactivado noventa años antes de lo previsto. Para su desgracia, no puede regresar al estado de letargo y morirá de viejo antes de llegar a su destino.