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Pocos guionistas de cine se convierten en celebridades, y la fama de esta minoría resulta especialmente efímera. Le sucedió a Joe Eszterhas a raíz del tremendo éxito de taquilla que fue Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992) y a Diablo Cody a causa de la buena recepción de la película indie Juno (Jason Reitman, 2007).

Aunque no es conveniente hacerlo, la lectura de este libro podría comenzar por cualquiera de sus capítulos, porque incluso de esa forma desordenada, José-Carlos Mainer (Zaragoza, 1944) logrará contagiarnos su inagotable curiosidad por las letras y por quienes las cultivan.

Donizetti, a partir de 1838, pasó en París sus buenas temporadas, sobre todo propiciadas por el estreno de alguna de sus óperas francesas, con las que se midió por medio de sus diversos géneros a disposición: la grand- opéra con Les Martyrs y La Favorite; la opéra-comique con La fille du régiment y Rita o Le mari battu. Y con una obra típicamente italiana, por el asunto, los personajes, las situaciones cómicas y las atmósferas: Don Pasquale, estrenada en el Teatro de los Italianos (sito entonces en la Salle Ventadour, hoy un inmueble de la Banca de Francia) el 3 de enero de 1843 con un equipo de cantantes para la posteridad legendarios: Giulia Grisi, Mario (su esposo en la vida real), Antonio Tamburini y Luigi Lablache.

El árbol genealógico que prospera a partir del Lázaro de la Biblia incluye a sus tres hijos, Abraham Skybourne, Thomas Skybourne y Grace Skybourne, genéticamente superpoderosos y bendecidos con dos cualidades: una piel impenetrable y una biología inmortal.

Tras el guión de un tebeo puede haber toda una concepción del pasado y del presente. En este sentido, la nueva entrega del El Castigador está respaldada por un conocimiento histórico que, en algunos momentos, convierte a este cómic en una lectura que se podría añadir a otros testimonios reunidos en la miniserie documental La Guerra de Vietnam (The Vietnam War, 2017), escrita por Geoffrey C. Ward y dirigida por Ken Burns y Lynn Novick.

Con guión de Cullen Bunn y un estupendo trabajo gráfico del cántabro David Baldeón, Monsters Unleashed parte de una premisa que siempre funciona: un chaval a cargo de monstruos gigantes, enfrentados con criaturas de similar poderío.

La delgada línea roja es una expresión que utilizó el periodista William Howard Russell cuando ejerció de corresponsal en la guerra de Crimea (1853-1856). Se refería a la defensa que hizo el 93º Regimiento de Highlanders, manteniendo una posición contra la caballería rusa en la batalla de Balaclava, el 25 de octubre de 1854.

Cuanto más escucho determinadas canciones, más me pregunto por qué conservan su magia al cabo de los años. Y a pesar de que uno intenta evitar los clichés, hay películas que contribuyen a perpetuar ese efecto.

En un artículo sobre Lucky Jim, Christopher Hitchens escribe que la novela de Kingsley Amis "ilustra la crucial diferencia entre el tipo de a pie y el hombre pequeño". El protagonista, Jim Dixon, "como su creador, no era un payaso, sino un hombre de sentimientos después de todo".

Hubo un tiempo en el que los espectadores nos aventurábamos en los cines en busca de horrores primordiales. Me refiero a historias que nos dejaban perdidos en laberintos infernales, oyendo las pisadas de alguna aberración que no debería existir, pero que parecía verosímil en la pantalla.

Hace dos siglos se publicó la novela de Mary Shelley Frankenstein o El moderno Prometeo. Con esto de los mixturados gabinetes de ministros, la palabra ha cobrado una inesperada actualidad, seguramente efímera como suelen ser las actualidades.

Primera o segunda cadena. Poco importa si en color o en blanco y negro: el caso es que aquella televisión de nuestra infancia y juventud resume un viaje audiovisual fascinante, que nos llevó de la dictadura a la libertad, y desde una programación digna de un despotismo ilustrado ‒la de los primeros años de la democracia‒ hasta una oferta bastante más frívola, despojada por completo de pedagogía.

A pesar de sus continuos cambios de reparto y volantazos argumentales, la serie Andrómeda demostró ser uno de los programas televisivos de ciencia-ficción más resistentes de comienzos del siglo.

Hay autores que encarnan un modo de hacer cómic, que simbolizan toda una forma de narrar historias. Su maestría se convierte en ejemplo e influencia para generaciones de artistas posteriores, que imitan su estilo o incorporan algunos de sus hallazgos a sus respectivas técnicas. Joe Kubert (1926-2012) fue uno de ellos.

Un curioso destino musical marca la región polaca de Lublin: el de ser una tierra de eminentes violinistas. Nuestro compositor, Karol Lipinski (1790- 1861) es una ilustre prueba de lo dicho.

Es sabido que la ópera sirvió de modelo a buena parte de la música del siglo XIX. Tanto que la influencia acabó siendo mutua y la orquesta sinfónica llenó el foso de los teatros a partir de Wagner.

Nacida del ingenio del caricaturista político Jeff MacNelly (1947-2000), Shoe fue una tira de humor inmensamente popular en Estados Unidos que comenzó a publicarse diariamente en los periódicos de ese país en septiembre de 1977.

Un buen homenaje a un autor, en este caso compositor, es programar una de sus obras en condiciones óptimas; un homenaje mejor aún es programar la obra de un colega contemporáneo de aquél, compuesta casi al mismo tiempo, basada exactamente en el mismo tema, y con resultados evidentemente mejores.

Muchos de los romances planetarios del siglo XVII pueden ser considerados utopías, un subgénero que requiere un análisis detallado e independiente. Las ficciones sobre sociedades ideales toman su nombre de la obra de Tomas Moro (1477–1535), Utopía, escrita en latín en 1516. El título es un juego de palabras derivado del griego: outopos significa en ninguna parte ; eutopos, un buen lugar ; y utopos, tierra con forma de U .

Mike Mignola es hoy famoso gracias a una creación propia, Hellboy, una serie de aventuras, terror sobrenatural y misterio en la que no sólo alcanzó la cima de su pericia artística y encontró la senda temática y conceptual que mejor casaba con sus intereses, sino que logró que el peculiar personaje traspasara los límites del medio gráfico, saltando a los videojuegos o el cine.